Y allí edificó un altar al Señor que se le apareció, e invocó el nombre del Señor; ahora considera esto, como se hizo en una ocasión especial cuando Dios se le apareció, en ese momento y allí construyó un altar, con un ojo al Dios que se le apareció: así reconoció con agradecimiento la bondad de Dios para con él al hacerle esa visita y promesa de gracia; y así testificó su confianza y dependencia en la palabra que Dios había hablado.

Como su práctica constante, dondequiera que se quitara. Tan pronto como Abram llegó a Canaán, aunque era un forastero y un peregrino allí, sin embargo, estableció y mantuvo la adoración de Dios en su familia; y dondequiera que tenía una tienda, Dios tenía un altar y ese altar santificado por la oración.

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