El Espíritu presenta otro aspecto de la relación de Israel con Dios. Castigaría a Efraín, y los pecados de Judá serían recordados. Pero Él les recuerda que hubo un tiempo en que Jacob podía luchar con su Dios, y suplicarle, y prevalecer; que después lo halló en Betel, y allí Dios, aun Jehová, le habló, y le reveló su nombre, lo cual, en efecto, no había hecho en Peniel.

Nótese aquí la forma en que Dios entra en todos los detalles de su relación moral con Israel, para que la fuerza, el significado y la justicia del "Lo-ruhamah", que pronuncia sobre su pueblo, sean comprendido. Su amor por ellos al principio, su tierno cuidado, la manera en que ya había sido recompensado en Baal-peor, la horrible iniquidad de Gabaa ahora renovada, su corrupción, su idolatría, su negativa a escuchar, todo se relata; y finalmente, la forma en que Jacob había tenido éxito anteriormente en apartar la ira, y cómo Dios se le había revelado entonces.

Ahora, el nombre que Él había proclamado en esa ocasión era Su memorial para siempre. Entonces, vuélvanse a Dios y esperen en Él continuamente. Pero no; todo es corrupción, y Efraín ni siquiera confesará su pecado. Aquel que los había sacado de Egipto los haría habitar de nuevo en tiendas sin patria. Dios les había hablado constantemente por medio de Sus profetas, pero la iniquidad estaba allí. Israel ya había sido pobre, un fugitivo y un vagabundo. Y Dios se había interpuesto en la soberanía por medio de un mensajero de liberación, cuando no había ningún pacto en vigor con el cual el pueblo pudiera contar para liberarlos.

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