31. Y Dios vio todo.  Una vez más, al concluir la creación, Moisés declara que Dios aprobó todo lo que había hecho. Al hablar de Dios como si viera, lo hace a la manera de los hombres; porque el Señor diseñó que este juicio fuera una regla y un ejemplo para nosotros; que nadie osara pensar o hablar de otra manera acerca de sus obras. No nos está permitido disputar si lo que Dios ya ha aprobado debe ser aprobado o no; más bien, nos corresponde aceptar sin controversias. La repetición también denota cuán desenfrenada es la temeridad del hombre: de lo contrario, habría sido suficiente decir una vez que Dios aprobó sus obras. Pero Dios inculca la misma cosa seis veces, para contener, como con tantos frenos, nuestra inquieta audacia. Pero Moisés expresa más que antes; porque agrega "meod," es decir, muy. En cada uno de los días se dio una aprobación simple. Pero ahora, después de que la obra del mundo estuvo completa en todas sus partes y recibió, si puedo decirlo así, el último toque, la declara perfectamente buena; para que sepamos que hay en la simetría de las obras de Dios la más alta perfección, a la que nada se puede añadir.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad