17. Y si el alma peca. Aunque las expresiones parecen ser generales, como si confirmara brevemente lo que había dicho antes, es necesario conectarlas con la última oración, o al menos restringirlas a ciertos casos. La exposición anterior me parece la correcta; tampoco hay ningún absurdo en la repetición, para cortar toda ocasión de subterfugio de los desobedientes. Aún así, no niego que la razón que se agrega al final, se aplica a todos los modos de expiación que él ha estado tratando; a saber, que aunque puede fingir ignorancia quién ha caído en pecado de manera desconsiderada, o quién no ha pecado intencionalmente, o quién a través del olvido ha contraído cualquier contaminación, aún es culpable ante Dios hasta que hace la reconciliación. Por lo tanto, cuando nuevamente ordena que se ofrezca un carnero sin mancha, y de pleno valor, una vez más muestra cómo deben purgarse a sí mismos que han sido demasiado tacaños en sus oblaciones. Inmediatamente después agrega una razón común a todos los demás errores; como si hubiera dicho, que no están absueltos ante Dios, que ofrece la excusa de la ignorancia como una tapadera por su culpa.

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