127. Y por eso he amado tus estatutos por encima del oro. Este verso, no tengo dudas, está conectado con el precedente; de lo contrario, la partícula ilativa no tendría sentido. Al verlo a este respecto, entiendo que el salmista es intimidante, que la razón por la que consideraba la ley de Dios como más valiosa que el oro y las piedras preciosas, era porque había fijado en su mente una persuasión profunda de la verdad, que aunque Dios pueda confabularse Por un tiempo en la maldad, el hacer estragos de toda rectitud y equidad no siempre quedará impune. Sí, cuanto más veía a los malvados irrumpir escandalosamente en la maldad, más lo incitaba una santa indignación que ardía en su corazón a amar la ley. Este es un pasaje que merece atención especial, ya que la influencia perniciosa del malvado ejemplo es bien conocida, cada hombre piensa que legalmente puede hacer lo que se practica comúnmente a su alrededor. De donde sucede, esa compañía malvada nos lleva como una tormenta. Mientras más diligentemente debamos meditar en esta doctrina, que cuando los impíos se reclaman una libertad desenfrenada, nos corresponde contemplar con los ojos de la fe los juicios de Dios, para que así seamos acelerados a la observancia de la ley divina. Si la atención a esta doctrina ha sido necesaria desde el principio, en la actualidad es necesario esforzarnos, para que no seamos involucrados en violar la ley de Dios con la conspiración perversa que casi todo el mundo ha formado para violarla. Cuanto más escandalosamente los malvados se jactan, que nuestra veneración y nuestro amor por la ley divina aumenten proporcionalmente.

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