10 No he escondido tu justicia en mi corazón. Aquí es necesario observar la acumulación de términos que se emplean para denotar lo mismo. A la justicia de Dios, el salmista agrega su verdad, su salvación y su misericordia. ¿Y cuál es el diseño de esto, sino magnificar y exponer la bondad de Dios por muchos términos o expresiones de alabanza? Sin embargo, debemos notar en qué aspectos difieren estos términos; porque de esta manera podremos determinar en qué aspectos se aplican a la liberación de la que David habla aquí. Si estas cuatro cosas deben tomarse en su orden correcto, la misericordia ocupará el primer lugar, ya que es por lo que solo Dios es inducido a dar seguridad, a mirarnos. Su justicia es la protección mediante la cual defiende constantemente a su propio pueblo, y la bondad por la cual, como ya hemos dicho en otra parte, los preserva. Y, para que nadie dude de que fluirá en un curso constante e ininterrumpido, David agrega en tercer lugar la verdad; por lo cual se nos enseña que Dios continúa siempre igual, y nunca se cansa de ayudarnos, ni en ningún momento retira su mano. Al mismo tiempo, implica en esto una exposición de las promesas; porque nadie jamás tomará la justicia de Dios con justicia, sino el que la abraza como se ofrece y se presenta en la Palabra. La salvación es el efecto de la justicia, porque Dios continúa manifestando su favor gratuito a su pueblo, brindándole diariamente ayuda y asistencia, hasta que los ha salvado por completo.

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