En lugar de imitar siempre a los ricos y grandes, y seguir a los que están en posiciones altas, a veces es necesario, para obedecer a Cristo, rechazar sus máximas, renunciar a sus doctrinas y evitar sus prácticas. Este proceder puede someter a quienes lo siguen a muchos inconvenientes, pero honrará al Salvador, se beneficiará a sí mismo y promoverá el bien de la humanidad.

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