Para que no apagues la luz de Israel para que no te maten, y con ello tu pueblo pierda su gloria y felicidad, e incluso se arruine por completo. En las Escrituras, a los buenos reyes se les llama con justicia la luz de su pueblo, porque la belleza y la gloria, la conducta y la dirección, el consuelo y la seguridad y el bienestar de un pueblo dependen en gran medida de ellos. ¡Una imagen noble esta de rey!

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