Había gigantes en la tierra, etc. La gran pregunta es, ¿qué se quiere decir con estos gigantes? ¿Fueron realmente hombres de tamaño extraordinario, o la palabra se refiere únicamente a la enormidad de sus actos? Quizás sea difícil de determinar: pero a partir de la frecuente mención de personas gigantes en otras partes de la Escritura, del testimonio general de la historia profana y de las muchas pruebas que hemos tenido de huesos de grandes dimensiones, parece muy probable que las personas de las que se habla aquí eran de un tamaño extraordinario y famosas no sólo por sus crímenes, sino también por su tamaño.

Como puede observar, el producto de los matrimonios mencionados anteriormente fueron gigantes y hombres de renombre por sus conquistas y su poder. Pero cuando un malvado tiene un gran poder, podemos esperar una gran opresión. El renombre de tales conquistadores es su mayor deshonra, y la trompeta de la fama el sonido de la infamia. Somos propensos a admirar a un César oa un Alejandro, y en el resplandor de la conquista nos olvidamos de las plagas de la sociedad y los flagelos de la humanidad.


Pero no olvidemos la raíz de toda esta maldad; la naturaleza apóstata del hombre. Sus entrañas son aún peores que sus caminos; su corazón es nada; todos sus pensamientos perversos; sí, toda imaginación naciente llena de maldad; y esto de manera decidida y continua. ¡He aquí una viva imagen de un espíritu caído! No importa cuán grande sea la maldad externa, Dios ve mayores abominaciones en su interior.

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