Versículo Habacuc 1:16Sacrifican a su red. No tenía Dios; no le importaba ninguno; y sólo adoraba a su armadura y a sí mismo. El rey Mezentius, uno de los peores personajes de la Eneida de Virgilio, es representado invocando su propia mano derecha y su lanza en la batalla. AEn. x. 773.

Dextra mihi Deus, et telum quod missile libro,

Nunc adsint.

"Mi fuerte mano derecha y mi espada, afirman mi golpe.

Esos únicos dioses que Mezentius invocará".

DRYDEN.


Y Capaneo, en Estacio, nos da una prueba más decisiva de esta autoidolatría. Tebaida, lib. x.

Ades, O mihi dextera tantum

Tu praeses belli, et inevitabile Numen,

Te voco, te solum Superum contemptor adoro.


"Sólo tú, mi diestra, sé mi auxilio; desprecio a los dioses y te adoro como jefe en la batalla y deidad irresistible".


El poeta nos dice que, por su impiedad, Júpiter lo mató con un trueno.

Esta era una antigua idolatría en este país, y ha existido hasta hace aproximadamente un siglo. Hay vestigios de ella en diferentes partes de Europa, pues cuando los militares se comprometen a cumplir un propósito concreto, es habitual que pongan la mano sobre la espada, pero antes la besaban cuando juraban por ella. Para la mayoría de los héroes, la espada es a la vez su Biblia y su Dios. Hasta el día de hoy, es costumbre entre los hindúes adorar anualmente los instrumentos de sus oficios. Ver WARD.

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