(4) Y el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos y fuentes de aguas; y se convirtieron en sangre. (5) Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras y que serás, porque has juzgado así. (6) Porque han derramado sangre de santos y profetas, y tú les has dado a beber sangre; porque son dignos. (7) Y oí a otro que desde el altar decía: Así, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.

El amor al dinero es la raíz de todos los males. Y aquellos que se han alquilado a sí mismos en aras de ganancias (y ninguna otra causa podría jamás influir en ningún hombre, para escribir o hablar, del lado de una locura tan flagrante como el papado), para enviar panfletos en justificación de la bestia o su cachorros, se puede suponer que son los ríos y fuentes de agua de los que se habla aquí, sobre los cuales el tercer ángel derramó su copa.

Y el reconocimiento de la justicia de Dios, en el derramamiento de esta copa, es presentado muy dulcemente, así como confirmado por otro ángel. ¿Qué puede ser más espantoso que la contemplación de los innumerables asesinatos perpetrados bajo la inquisición y otras maquinaciones de esa detestable monarquía que, amparándose bajo el título de santidad, ha producido más horribles actos de crueldad que todo el paganismo? del mundo.

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