REFLEXIONES

¡Lector! Antes de despedirnos de este precioso libro del Éxodo, haga una pausa una vez más y comente conmigo en la multitud de casos que Moisés escribió acerca de Cristo. Bendito libro de Dios, quisiera decir, que seas mi guía constante bajo las enseñanzas del Espíritu Santo, para llevar mi alma a Jesús; y tú, Maestro Todopoderoso, toma con frecuencia las cosas de Jesús que están en él para mostrar a mí.

En este tabernáculo permítanme contemplar un tipo de mi adorado Redentor, fundado en los eternos consejos contra los propósitos de Dios mi Padre, y erigido en su gloriosa obra de redención, para la salvación eterna de su pueblo. En él se completan todos los muebles sagrados, el altar, el arca, el propiciatorio, el pan de la proposición, el aceite de la unción y el incienso, porque en él agradó al Padre que habite toda plenitud.

¿Y no puedo considerar este santuario abierto al culto divino, como una semejanza también con el tabernáculo del evangelio, la iglesia del Dios viviente, que él ha levantado entre los hombres? Ojalá mi alma la encontrara con frecuencia esperando en el trono y buscando la comunión por medio de su sangre y justicia, que son la fuente, la luz y la purificación de toda la adoración del evangelio. Y aquí, Señor, que pueda encontrar mi consuelo y mi gozo, regocijándome en las manifestaciones de tu presencia y favor, hasta que haya terminado para siempre con la adoración de mi Dios y Salvador a la sombra de las ordenanzas, y me siento a la manantial de realidades divinas y eternas, en el templo que está arriba.

Apresura Señor en tu propio tiempo estas felicidades, para que el disfrute de Jehová, en su triple carácter de personas, sea mi porción, con toda la iglesia de los primogénitos por los siglos de los siglos. Amén.

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