REFLEXIONES

¡LECTOR! no dejes que la grandeza del carácter de Abraham te tiente a pasar por alto la debilidad de Abraham. ¡Pobre de mí! ¿Qué es el hombre en sus más altos logros? Si el Patriarca no hubiera perdido de vista que el mismo Jehová era su escudo y su recompensa extraordinariamente grande, no habría debido condescender a un recurso tan lamentable para la seguridad de su esposa. ¡Dios no lo quiera, que esta debilidad del Patriarca se convierta en un pretexto por los pecados de otros, cuando vemos cómo desagradó al Señor!

Seguramente el Espíritu Santo hace que se registren las debilidades de los fieles, para enseñar a su pueblo la verdad más incuestionable; que no hay justo en la tierra que haga el bien y no peque; y constreñir el corazón al amor de Jesús; cuya justicia perfecta es la única causa de justificación ante Dios. ¡Queridísimo Señor! Cuán cada vez más dulce e interesante, en cada nuevo caso de enfermedad humana que siento en mí mismo, o encuentro en otros, es tu salvación consumada a mi modo de ver.

¡Oh! Afirma cada vez más mi alma en ella. Dame para ver y saber que soy tuyo en un pacto eterno, que no puede ser quebrantado: que por haber entregado las preocupaciones de mi alma en tus manos; todos mis intereses terrenales los puedo dejar con seguridad a tu disposición; y que el miedo al hombre, como en el caso del Patriarca, no pueda traer una trampa.

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