Significado. Dios envió las tinieblas sobre Egipto como acto soberano de su juicio, mostrando que aun la oscuridad obedece la palabra de aquel que es luz. La plaga proclama que el Señor gobierna la creación al servicio de su pacto redentor.

Contexto. El Salmo 105 es un himno histórico de Israel, atribuido a la tradición davídica y vinculado a la liturgia del pueblo del pacto. Recorre la fidelidad de Dios desde Abraham hasta el éxodo, recordando a los destinatarios —la congregación reunida en adoración— que las promesas hechas a los patriarcas se cumplieron en hechos concretos. El versículo 28 inicia el recuento de las plagas, presentando la tiniebla como la primera mencionada en este resumen poético.

Explicación. El texto dice: «Envió tinieblas que lo oscurecieron todo». El verbo «envió» (en hebreo, shalaj) subraya que la plaga no fue un fenómeno natural autónomo, sino un acto deliberado de la providencia divina. La frase «y no fueron rebeldes a su palabra» se entiende mejor como afirmación de que las criaturas —las tinieblas y los elementos— obedecieron prontamente el mandato del Señor, en contraste con el corazón endurecido de Faraón. Desde la perspectiva reformada, aquí brilla la soberanía absoluta de Dios sobre toda la creación: nada escapa a su decreto, y hasta los instrumentos del juicio se someten a su voluntad eficaz. La tiniebla, que en el éxodo precedió a la muerte de los primogénitos, anuncia tipológicamente el juicio del cual solo el Cordero protege a su pueblo.

Referencias relacionadas. El relato original está en Éxodo 10:21-23, donde la tiniebla cubre Egipto mientras los hijos de Israel tienen luz. Compárese con Génesis 1:3, donde Dios separa la luz de las tinieblas por su palabra, y con Juan 8:12, donde Cristo se proclama «la luz del mundo». El juicio final asociado a la oscuridad aparece en Mateo 27:45 y en Apocalipsis 16:10, confirmando el patrón pactual de luz y tinieblas.

Aplicación práctica. Quien confía en el Señor reconoce que ningún poder, por amenazante que sea, actúa fuera del control de Dios. En tiempos de prueba, las «tinieblas» de la enfermedad, la injusticia o la incertidumbre no son señales de abandono, sino instrumentos que el Padre soberano ordena para sus fines redentores. El creyente halla descanso al saber que el mismo Dios que dirige las plagas guarda a los suyos en Cristo, la luz que las tinieblas no pudieron vencer.

Para reflexionar. Si aun las tinieblas obedecen prontamente la palabra de Dios, ¿qué áreas de tu vida resisten todavía someterse con esa misma prontitud a su voluntad?

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