Significado. La palabra del Dios soberano basta para domar el caos: «reprendió al mar Rojo y lo secó», abriendo en lo profundo un camino tan firme como el desierto para su pueblo redimido.

Contexto. El Salmo 106 es un salmo histórico de la última colección del Salterio, compuesto para la liturgia de Israel y recitado probablemente en el período del exilio o posterior. Su autor inspirado repasa la historia de la nación como una confesión comunitaria: contrasta la fidelidad pactual de Dios con la rebeldía persistente del pueblo. El versículo 9 evoca el momento culminante del éxodo, cuando el Señor liberó a Israel de Egipto, dirigiéndose a una asamblea que necesitaba recordar que su existencia entera descansa en pura gracia.

Explicación. El verbo «reprendió» (en hebreo, ga´ar) presenta al mar como una potencia que obedece la mera voz de su Creador; no hay forcejeo ni incertidumbre, sino soberanía absoluta sobre la creación. Que el mar «se secó» y que el pueblo caminó «por el abismo como por un desierto» subraya que la salvación es enteramente obra de Dios: Israel no contribuye nada, solo es conducido. Desde la perspectiva reformada, aquí brilla el monergismo de la redención y el carácter pactual de la liberación; el Dios que pronuncia y se cumple su palabra es el mismo que en Cristo dice «consumado es» y nos saca del abismo de la muerte.

Referencias relacionadas. El relato base está en Éxodo 14:21-22, y su celebración en Éxodo 15:1-13. El dominio de Dios sobre las aguas reaparece en Salmos 77:16-20 e Isaías 51:10. Cristo, reprendiendo al mar en Marcos 4:39, se revela como aquel mismo Señor; y Romanos 9:16 confirma que la salvación «no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia».

Aplicación práctica. Cuando enfrentamos «mares» imposibles —enfermedad, culpa, oposición—, este versículo nos llama a descansar no en nuestras fuerzas sino en la palabra eficaz de Dios. El mismo que abrió el mar gobierna hoy cada circunstancia; recordar sus obras pasadas alimenta una fe que confía en medio del temor. La gracia que rescató a Israel sin mérito alguno es la gracia que nos sostiene, invitándonos a la gratitud y a la obediencia agradecida.

Para reflexionar. ¿Estás esperando que Dios actúe por tu propia capacidad de abrir camino, o descansas en la palabra soberana de Aquel que seca abismos con solo reprenderlos?

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