Significado. El pueblo redimido aparece primero como peregrino perdido en el desierto, sin rumbo y sin morada; así Dios retrata nuestra condición antes de que su gracia soberana nos rescate y nos conduzca a la ciudad de habitación.

Contexto. El Salmo 107 abre el quinto libro del Salterio y es un himno de acción de gracias, compuesto probablemente para la comunidad postexílica que regresaba del cautiverio. El salmista, anónimo, invita a los «redimidos de Jehová» (v. 2) a confesar la misericordia del Señor. El versículo 4 inicia el primer de cuatro cuadros (extraviados, presos, enfermos, marineros) que ilustran situaciones de angustia de las cuales Dios libera a su pueblo.

Explicación. «Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, sin hallar ciudad donde habitar». El verbo evoca el vagar errante, sin dirección; el «desierto» (hebreo «midbar») es lugar de esterilidad y muerte. La «ciudad donde habitar» señala el reposo y la comunión que solo Dios concede. Desde la perspectiva reformada, este cuadro describe al pecador en su miseria natural: lejos del pacto, incapaz de hallar por sí mismo el camino a Dios. No es el hombre quien encuentra la ciudad, sino el Señor quien, por pura gracia, endereza su senda (v. 7). Aquí brilla la soberanía divina: la liberación no nace del mérito del extraviado sino de la misericordia eterna del que llama a los suyos.

Referencias relacionadas. El errar en el desierto recuerda a Israel peregrinando hacia Canaán (Deuteronomio 8:15) y al hombre que «como ovejas descarriadas andábamos perdidos» (Isaías 53:6). La «ciudad» anticipa la Jerusalén celestial que los patriarcas esperaban (Hebreos 11:10, 16) y la morada eterna prometida por Cristo (Juan 14:2-3). El Señor mismo es el Pastor que busca a la oveja perdida (Lucas 15:4).

Aplicación práctica. Reconozcamos que toda búsqueda de sentido fuera de Dios es un vagar sin destino. La cultura ofrece mil caminos, pero ninguno conduce a la «ciudad donde habitar». Si has experimentado la misericordia que te sacó del desierto, únete al llamado del salmo: confiésalo, da gracias y descansa en que quien comenzó la obra la perfeccionará. Y si todavía andas extraviado, clama al Señor: él escucha y endereza el camino del que a él se vuelve.

Para reflexionar. ¿En qué áreas de tu vida sigues «andando perdido», buscando reposo donde no lo hay, en vez de descansar en la ciudad que Dios ya te ha preparado en Cristo?

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