Significado. El hambre y la sed extremas del peregrino retratan la real condición del alma humana lejos de Dios: una indigencia que solo Él, en su libre misericordia, puede saciar.

Contexto. El Salmo 107 abre el quinto libro del Salterio y es un himno de acción de gracias de la comunidad postexílica, anónimo en su atribución pero recogido por Israel para celebrar al «Redentor» que reúne a los suyos «de las tierras» (v. 2-3). El versículo 5 pertenece a la primera de cuatro escenas de aflicción y rescate: la del pueblo errante por el desierto, sin ciudad donde habitar. Los destinatarios son los redimidos de Jehová, llamados a confesar su bondad ante las naciones.

Explicación. «Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos» describe el límite de la fuerza humana. El verbo traducido como «desfallecer» evoca un alma que se desmaya, envuelta o cubierta por la angustia. El salmista no presenta a hombres capaces de auto-rescatarse, sino a criaturas exhaustas que claman (v. 6). Desde la perspectiva reformada, este cuadro ilustra la total incapacidad del pecador: así como el cuerpo no fabrica su propio pan ni agua, el alma muerta en delitos no genera su propia salvación. La iniciativa pertenece a Dios, quien oye el clamor que Él mismo despierta y conduce «por camino derecho» (v. 7). Aquí brilla la soberanía de la gracia: el desierto no tiene la última palabra cuando el Señor del pacto recuerda a los suyos.

Referencias relacionadas. El motivo del hambre y la sed saciadas por Dios resuena en Salmos 63:1 y 42:1-2, y halla su clímax en Cristo, «pan de vida» y fuente de «agua viva» (Juan 6:35; 7:37-38). Las bienaventuranzas declaran saciados a quienes «tienen hambre y sed de justicia» (Mateo 5:6), y Apocalipsis 7:16-17 promete que los redimidos «no tendrán más hambre ni sed».

Aplicación práctica. Reconozcamos nuestra verdadera indigencia espiritual en lugar de disimularla con sustitutos pasajeros. Las riquezas, los logros y los placeres son agua de cisternas rotas; solo Cristo sacia. Cuando el creyente se siente desfallecer en el desierto de la prueba, este texto lo invita a clamar con confianza, sabiendo que el Dios que provee no abandona a sus peregrinos. Y al recibir su socorro, respondamos como ordena el salmo: alabando públicamente su misericordia.

Para reflexionar. ¿En qué cisternas vacías he buscado saciarme, en lugar de acudir al Dios que conduce a sus redimidos por camino derecho hasta la ciudad donde habitar?

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