Significado. El clamor del afligido no se pierde en el vacío; el Dios soberano que ordena todas las cosas inclina su oído y libra a quien acude a Él en su angustia.

Contexto. El Salmo 107 abre el quinto libro del Salterio y es un cántico de acción de gracias compuesto, según la tradición, para la comunidad restaurada tras el exilio. El salmista convoca a «los redimidos de Jehová» (v. 2) a reconocer la bondad pactual del Señor. Mediante cuatro cuadros (los extraviados en el desierto, los presos, los enfermos y los marineros en la tempestad), describe a quienes, hundidos en la miseria, son rescatados. El versículo 6 cierra el primer cuadro: peregrinos perdidos, hambrientos y sedientos, sin hallar ciudad donde morar.

Explicación. «Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones.» El verbo «clamaron» (hebreo «tsa'aq») denota un grito desesperado de quien ha agotado sus recursos. Notemos el orden: primero la angustia, luego el clamor, después la liberación. La teología reformada subraya que aun ese clamor es fruto de la gracia preveniente; Dios obra en el corazón abatido el deseo de buscarle. El nombre pactual «Jehová» (YHWH) recuerda que quien libra es el Dios fiel a su alianza. Su liberación («los libró») no es respuesta a mérito alguno, sino expresión de su «misericordia» (v. 1, «jésed»), amor leal y soberano que no falla.

Referencias relacionadas. Este estribillo se repite en los vv. 13, 19 y 28, marcando el ritmo del salmo. Resuena el clamor de Israel en Éxodo 2:23-25 y la promesa de Salmos 50:15: «Invócame en el día de la angustia; te libraré.» El cumplimiento pleno apunta a Cristo, quien «en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor» (Hebreos 5:7) fue oído, y por quien todo el que invoca el nombre del Señor será salvo (Romanos 10:13).

Aplicación práctica. Cuando te halles en el desierto, sin rumbo ni fuerzas, recuerda que la oración no es el último recurso del débil, sino el primer privilegio del hijo de Dios. No esperes sentirte digno para clamar; clama porque Él es bueno. El creyente reformado descansa en que su Padre soberano gobierna incluso la aflicción para conducirle de vuelta a la ciudad de Dios. Cultiva el hábito de convertir cada angustia en oración, y cada liberación en alabanza.

Para reflexionar. ¿Acudes a Dios solo cuando se agotan tus recursos, o reconoces que aun tu clamor es un regalo de su gracia que te invita a confiar antes de desesperar?

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