Significado. Las riquezas y la abundancia del que teme al Señor no son fruto del azar ni del mérito propio, sino dones de la mano soberana de Dios, cuya justicia permanece para siempre porque está anclada en Él.

Contexto. El Salmo 112 forma parte de los salmos de alabanza del Salterio y se compone como un poema acróstico hebreo, hermano gemelo del Salmo 111. Mientras el 111 celebra las obras del Señor, el 112 describe al hombre que teme a ese Señor. Aunque no se nombra autor, la comunidad de Israel lo cantaba en el culto, instruyendo a los fieles sobre la vida bendecida bajo el pacto. Sus destinatarios son los creyentes llamados a temer a Dios y a deleitarse en sus mandamientos.

Explicación. El versículo declara: «Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre». La palabra hebrea para «justicia» (tsedaqah) abarca tanto la rectitud personal como la generosidad para con el necesitado, según mostrará el v. 9. Desde una lectura reformada, no se trata de una promesa mecánica de prosperidad material, sino de la fidelidad pactual de Dios que sostiene al justo. Los bienes son ordenados por la providencia soberana, y la verdadera justicia que «permanece para siempre» no es la del hombre en sí mismo, sino la que procede de Dios y halla su plenitud en Cristo, nuestra justicia imputada. La permanencia eterna distingue lo terrenal y pasajero de lo que Dios establece de modo inmutable.

Referencias relacionadas. El v. 9 retoma esta justicia que «permanece para siempre» y se cita en 2 Corintios 9:9 sobre la generosidad. Proverbios 10:22 enseña que la bendición del Señor enriquece. Mateo 6:33 ordena buscar primero el reino y su justicia. La justicia que permanece halla su raíz en Cristo, hecho para nosotros justicia (1 Corintios 1:30) y en la justicia eterna de Daniel 9:24.

Aplicación práctica. El creyente recibe sus bienes como mayordomo, no como dueño, reconociendo que toda provisión viene de Dios. Esto libera del afán ansioso y de la avaricia, e impulsa a la generosidad, pues la justicia que Dios obra en nosotros se manifiesta al compartir con los necesitados. En tiempos de abundancia damos gracias sin idolatrar las riquezas; en tiempos de escasez confiamos en que la justicia del Señor permanece firme aunque lo material se desvanezca.

Para reflexionar. ¿Estoy buscando una abundancia que perece, o descanso en la justicia eterna que Dios me da en Cristo y que se traduce en una vida generosa?

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