Significado. Porque Dios inclinó su oído hacia el clamor de su siervo, este responde con la resolución de invocarle mientras viva; la gracia que escucha primero engendra la fe que ora siempre.

Contexto. El Salmo 116 pertenece a la colección del «Hallel egipcio» (Salmos 113-118), cánticos de alabanza que Israel entonaba en las grandes fiestas, especialmente en la Pascua. El salmista, cuyo nombre no se nos da, escribe como testimonio personal tras haber sido librado de una angustia mortal. Sus destinatarios son la congregación reunida del pueblo del pacto, ante la cual presenta su voto de gratitud. El versículo 2 desarrolla la confesión del versículo 1: el amor a Dios brota de haber sido oído.

Explicación. La frase «inclinó a mí su oído» es una vívida imagen antropomórfica: Dios, infinitamente exaltado, se abaja para atender al débil. El verbo hebreo evoca al que se agacha para escuchar al pequeño. Notemos el orden: Dios oye primero, y entonces el salmista promete «le invocaré en todos mis días». La iniciativa es divina; la respuesta humana es consecuencia de la gracia preveniente. Esto refleja la soberanía de Dios en la salvación: no oramos para mover a un Dios reacio, sino que oramos porque Él ya se ha inclinado en favor de los suyos. La perseverancia implícita en «en todos mis días» no descansa en la firmeza del orante, sino en la fidelidad pactual de Aquel que escucha.

Referencias relacionadas. El abajamiento de Dios para oír resuena en Salmos 40:1 («inclinó a mí su oído») y en Isaías 65:24, donde Dios responde antes que clamemos. La invocación perpetua se cumple en 1 Tesalonicenses 5:17, «orad sin cesar». Y la verdadera inclinación de Dios hacia el hombre culmina en la encarnación de Cristo (Filipenses 2:7-8) y en su intercesión perpetua (Hebreos 7:25).

Aplicación práctica. Cuando dudemos de si vale la pena orar, recordemos que el Dios soberano ya ha inclinado su oído a sus hijos en Cristo. La oración no es un monólogo lanzado al vacío, sino la respuesta confiada de quien sabe que es oído. Que la conciencia de haber sido escuchados nos lleve, como al salmista, a un compromiso de oración constante «en todos nuestros días», en la prosperidad y en la prueba.

Para reflexionar. Si Dios ya ha inclinado su oído hacia ti en Cristo, ¿qué te impide invocarle con confianza cada día de tu vida?

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