Significado. Dios se revela conforme al carácter de aquel con quien trata: «con el misericordioso te muestras misericordioso», porque el Señor responde según la obra de su propia gracia plantada en sus elegidos.

Contexto. El Salmo 18 es un cántico de acción de gracias de David, también registrado en 2 Samuel 22, compuesto cuando Jehová lo libró de la mano de Saúl y de todos sus enemigos. Como rey ungido y figura del Mesías, David celebra la fidelidad pactual de Dios ante todo Israel, recordando que su victoria no nació de su brazo sino del Dios soberano que lo rescató.

Explicación. El versículo abre una serie de paralelismos: «Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y recto para con el hombre íntegro». El término hebreo «jésed» (misericordia, lealtad de pacto) no describe primero la disposición del hombre, sino el fruto que Dios mismo ha sembrado en su pueblo. Desde una lectura reformada, esto no es mérito que mueva a Dios a recompensar, sino la consonancia entre el carácter del Señor y la nueva naturaleza que su gracia regeneradora produce. David no apela a una justicia propia autónoma, sino a la integridad que el Espíritu obra en el creyente; Dios «se muestra» tal cual es ante quienes Él ha conformado a su santidad. Es el principio del pacto: el Dios fiel trata fielmente a los suyos.

Referencias relacionadas. Compárese con 2 Samuel 22:26, su pasaje gemelo. Mateo 5:7 declara: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia». Lucas 6:38 enseña que con la medida que medimos seremos medidos, y Santiago 2:13 advierte que el juicio será sin misericordia para quien no la tuvo. Filipenses 2:13 confirma que es Dios quien obra en nosotros el querer y el hacer.

Aplicación práctica. Quien ha probado la misericordia inmerecida de Cristo no puede ser duro ni implacable con su prójimo. La gracia recibida engendra gracia ofrecida. Examina si tu trato con los demás refleja el corazón compasivo de tu Salvador; perdona como fuiste perdonado, y recuerda que toda integridad tuya es regalo del Espíritu, no logro que te haga acreedor ante Dios.

Para reflexionar. ¿Refleja mi manera de tratar a los demás la misericordia que Dios, por pura gracia, ha derramado sobre mí en Cristo?

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