Significado. El Señor es dueño de toda la tierra porque Él mismo la fundó sobre los mares; la creación entera descansa sobre su poder soberano y le pertenece por derecho.

Contexto. El Salmo 24 es atribuido a David y pertenece al género de los salmos de entrada o procesionales, probablemente compuesto para acompañar el ascenso del arca a Jerusalén. El versículo 2 amplía la afirmación universal del versículo 1 («de Jehová es la tierra y su plenitud»), dirigiéndose al pueblo de Dios congregado para adorar y recordándole sobre qué fundamento reposa toda realidad. Los destinatarios son los adoradores que se preparan para subir al monte santo y presentarse delante del Rey de gloria.

Explicación. La frase «la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos» emplea el lenguaje poético del antiguo Cercano Oriente, donde el mar simbolizaba el caos. David declara que Dios sujetó esas aguas y estableció la tierra con orden y firmeza. El verbo «fundó» (yasad) y «afirmó» (kun) subrayan un acto deliberado y estable, no un accidente cósmico. Desde la perspectiva reformada, este versículo proclama la soberanía absoluta del Creador: no existe rincón del universo fuera de su decreto. La creación misma es un acto de gracia y de gobierno; el Dios que ordenó las aguas es el mismo que sostiene providencialmente cuanto existe (Westminster, Confesión IV-V).

Referencias relacionadas. Génesis 1:9-10 narra la separación de las aguas; Salmos 104:5-9 celebra la fundación de la tierra; Job 38:4-11 muestra a Dios poniendo límites al mar. En el Nuevo Testamento, Colosenses 1:16-17 revela que «todas las cosas en él subsisten», identificando a Cristo como el agente creador y sustentador, lo cual da a este salmo una lectura plenamente cristocéntrica.

Aplicación práctica. Si el mundo entero pertenece al Señor por creación, entonces nuestra vida, nuestros bienes y nuestro trabajo no son propiedad autónoma sino mayordomía recibida. Reconocer que Dios fundó la tierra nos libera de la ansiedad: quien dominó el caos de los mares también gobierna las aguas turbulentas de nuestra existencia. El creyente adora con confianza, sabiendo que el Creador soberano es también su Padre en Cristo.

Para reflexionar. Si toda la tierra y cuanto contiene pertenece a Dios por derecho de creación, ¿estoy viviendo como dueño autónomo o como mayordomo agradecido de lo que Él me ha confiado?

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