Significado. El alma redimida no se gloría en sí misma, sino en el Señor; y esa jactancia santa se vuelve consuelo para los humildes que escuchan.

Contexto. El Salmo 34 es un salmo acróstico de David, compuesto, según el título, cuando fingió locura ante Abimelec (Aquis de Gat) y fue despedido. Habiendo sido librado de un peligro mortal, David no atribuye su rescate a su astucia, sino a la mano providente de Dios. El salmo se dirige a la congregación del pueblo del pacto, en especial a los «humildes» o afligidos, para instruirlos en el temor del Señor y en la confianza pactual.

Explicación. El verbo traducido «se gloriará» (hithallel) describe un alma que halla todo su orgullo y reposo no en logros propios, sino «en el Señor» (be-YHWH). Aquí late el corazón de la teología reformada: coram Deo, toda gloria pertenece a Dios y ninguna a la criatura (soli Deo gloria). David, recién librado, reconoce que la salvación es enteramente obra de la gracia soberana, no fruto de su mérito. El término «humildes» (anawim) señala a los quebrantados que dependen de Dios; estos «oirán» y «se alegrarán», pues la jactancia santa del creyente no es vanagloria, sino testimonio que edifica a los demás miembros del cuerpo.

Referencias relacionadas. Jeremías 9:23-24 enseña que quien se gloríe, hágalo en conocer al Señor; Pablo lo retoma en 1 Corintios 1:31 y 2 Corintios 10:17, anclando la gloria del creyente en Cristo crucificado. Filipenses 3:3 declara que nos gloriamos en Cristo Jesús sin confiar en la carne. La beatitud de los «pobres en espíritu» (Mateo 5:3) recoge a estos anawim.

Aplicación práctica. En una cultura que celebra la autopromoción, el creyente reformado aprende a redirigir cada alabanza hacia su Autor. Cuando contamos cómo Dios nos ha sostenido en la prueba, no exhibimos nuestra fortaleza, sino su fidelidad; y ese relato consuela a los hermanos abatidos. Examina tu corazón: ¿de qué te jactas? Que tu lengua, como la de David, convierta la liberación recibida en gloria para Dios y aliento para el afligido que escucha.

Para reflexionar. ¿De qué cosas sueles gloriarte, y cómo cambiaría tu testimonio si toda tu jactancia descansara únicamente en el Señor?

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