Significado. Los confines de la tierra tiemblan ante las señales del Dios soberano, pues toda la creación es testigo de su gloria y motivo de alabanza. Donde otros ven azar, la fe reformada ve la mano providente del Señor.

Contexto. El Salmo 65 es atribuido a David, cántico de acción de gracias que celebra a Dios como quien escucha la oración, perdona el pecado y bendice la tierra con su providencia. Compuesto probablemente para el culto de Israel en tiempo de cosecha, se dirige al pueblo del pacto reunido en Sion, aunque su mirada se extiende hasta «los confines de la tierra», anticipando el alcance universal del reino de Dios.

Explicación. El versículo afirma que «los que habitan en los confines de la tierra temen de tus maravillas». El verbo traducido como «temen» (yare') no señala mero pavor, sino el temor reverente que la majestad divina provoca aun en los más lejanos. Las «señales» o «maravillas» son las obras providentes de Dios en la naturaleza y la historia. La segunda parte personifica «las salidas de la mañana y de la tarde», esto es, el oriente y el occidente, que Dios «hace cantar con júbilo». Para la teología reformada, esto manifiesta la soberanía universal del Creador: no hay rincón ni momento del día que escape a su gobierno, y la creación entera proclama su gloria (revelación general). El que ordena los astros y los horizontes es el mismo que ordena la salvación de los suyos.

Referencias relacionadas. Salmos 19:1-4 declara que los cielos cuentan la gloria de Dios sin palabras audibles; Salmos 19:8 muestra la creación gozosa bajo su mando. Romanos 1:20 enseña que lo invisible de Dios se percibe en lo creado, dejando sin excusa a los hombres. Habacuc 2:14 promete que la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, y Apocalipsis 5:13 culmina con toda criatura alabando al Cordero.

Aplicación práctica. En una época que reduce el mundo a mecanismos impersonales, este versículo nos llama a leer cada amanecer y cada atardecer como predicación silenciosa de la grandeza de Dios. El creyente reformado cultiva el asombro reverente: no vive ansioso, porque sabe que el Señor que sostiene los confines de la tierra también sostiene su vida. Que nuestra adoración se una al júbilo del oriente y del occidente, ofreciendo gratitud diaria por la providencia que nunca duerme.

Para reflexionar. ¿Contemplo la salida y la puesta del sol como testimonios de la soberanía de Dios que me invitan a la adoración, o he dejado que la rutina apague el asombro reverente ante sus maravillas?

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