Significado. El salmista convoca a toda la humanidad a contemplar las obras de Dios, porque el Señor que actúa en la historia es soberano y digno de temor reverente.

Contexto. El Salmo 66 es un himno de alabanza comunitaria, atribuido tradicionalmente a la colección davídica y cantado por la congregación de Israel. Surge de la memoria de la liberación del pueblo, cuando Dios secó el mar y los hizo pasar a pie (v. 6). El salmista, dirigiéndose primero a «toda la tierra» (v. 1), invita ahora a los pueblos a reconocer las intervenciones del Dios del pacto, que se reveló como Salvador de su pueblo escogido.

Explicación. «Venid, y ved las obras de Dios»: el verbo ver no es mera observación, sino contemplación reverente que conduce a la adoración. Las «obras» (en hebreo, los hechos poderosos) abarcan tanto la creación como la redención histórica. La frase «temible en hechos sobre los hijos de los hombres» subraya que la soberanía divina se ejerce sobre toda la humanidad, no solo sobre Israel. Desde una lectura reformada, esto manifiesta el gobierno providencial absoluto de Dios sobre las naciones: nada escapa a su decreto. El «temor» aquí no es terror servil, sino el asombro santo que reconoce la majestad del Dios que obra según el consejo de su voluntad (Efesios 1:11).

Referencias relacionadas. El llamado a «ver» las obras de Dios resuena en el Salmo 46:8 («venid, ved las obras de Jehová»). La soberanía sobre las naciones aparece en el Salmo 22:28 y en Daniel 4:35. El éxodo aludido en el versículo siguiente conecta con Éxodo 14:21-22. Y el clímax cristocéntrico se halla en Juan 1:14, donde la obra mayor de Dios se contempla en el Verbo encarnado.

Aplicación práctica. El creyente está invitado a detenerse y contemplar lo que Dios ha hecho: en la creación, en la cruz y en su propia vida. En una cultura distraída, este versículo nos llama a la adoración deliberada, recordando que Aquel que partió el mar también nos rescató del pecado por la sangre de Cristo. Nuestra respuesta debe ser maravillarnos, confiar y proclamar sus hechos a las naciones.

Para reflexionar. ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste verdaderamente a «ver» las obras de Dios, dejando que su grandeza despertara en ti temor reverente y gratitud?

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