Significado. Dios convirtió el mar en tierra seca para redimir a su pueblo, y esa obra pasada es prenda eterna de su poder presente. Quien abrió el camino entonces sigue reinando hoy.

Contexto. El Salmo 66 es un himno de alabanza congregacional, atribuido tradicionalmente a la colección davídica del salterio. Convoca a «toda la tierra» a glorificar a Dios y recuerda los hechos portentosos de la historia de la salvación de Israel. Sus destinatarios originales eran los adoradores reunidos en el santuario, llamados a venir, ver y celebrar las obras del Señor (v. 5), pero su alcance se extiende a todas las naciones.

Explicación. El versículo evoca dos prodigios: el paso del mar Rojo (Éxodo 14) y, muy probablemente, el cruce del Jordán (Josué 3). «Volvió el mar en seco» y «por el río pasaron a pie» son actos de pura soberanía divina; el verbo subraya que Dios mismo dispuso el camino donde no lo había. La expresión «allí nos alegramos en él» fusiona generaciones: el salmista habla en primera persona como si él mismo hubiera estado presente, mostrando que la redención del pacto es una sola obra continua que abraza a todo el pueblo elegido. Desde la perspectiva reformada, esto revela que la salvación es enteramente monergista: no fueron los méritos ni la fuerza de Israel los que partieron las aguas, sino la mano poderosa de Dios que cumple su propósito eterno. El gozo no nace de la capacidad humana, sino de contemplar lo que solo Dios puede hacer.

Referencias relacionadas. Éxodo 14:21-22 narra el mar abierto; Josué 3:14-17, el Jordán detenido; Salmos 114:3-5 personifica las aguas que huyen ante el Señor. Isaías 43:2 promete el mismo acompañamiento divino en las aguas, e Isaías 51:10 vincula el éxodo con la redención venidera. En clave cristocéntrica, este paso prefigura el bautismo y la liberación definitiva lograda por Cristo (1 Corintios 10:1-2).

Aplicación práctica. Recordar las obras pasadas de Dios fortalece la fe ante los obstáculos presentes. Cuando enfrentamos «mares» imposibles —enfermedad, pérdida, tentación—, el creyente no se apoya en sus recursos sino en el carácter inmutable del Dios que ya ha abierto caminos. La iglesia es llamada, como el salmista, a hacer memoria comunitaria y a alegrarse «en él», no en sus circunstancias.

Para reflexionar. ¿Recuerdas con gratitud los «mares» que Dios ya ha abierto en tu vida, o sigues midiendo tus dificultades presentes por tu propia fuerza?

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