Significado. El monte de Basán, imponente y poderoso, contempla con envidia al humilde monte que Dios eligió para morar; la grandeza terrenal queda eclipsada ante la libre elección del Señor.

Contexto. El Salmo 68 es un cántico triunfal atribuido a David, compuesto probablemente para celebrar la subida del arca a Sion, figura del avance victorioso de Dios entre su pueblo. El salmista canta al Dios de los ejércitos que dispersa a sus enemigos y conduce a Israel desde el desierto hasta su santuario. Los destinatarios son la congregación del pacto, invitada a glorificar al Rey que cabalga sobre los cielos. En los versículos 15 y 16, David contrasta los altos montes de Basán, al oriente del Jordán, con el modesto monte Sion, escogido como habitación divina.

Explicación. El «monte de Basán» evoca la región de cumbres elevadas y fértiles, símbolo de fuerza imponente. El hebreo lo describe como «monte de Dios», es decir, grandioso a la vista de los hombres. Sin embargo, el versículo siguiente revela que tales montes «miran con envidia» a Sion, pues no fueron elegidos. Aquí resplandece la doctrina reformada de la elección soberana: Dios no escoge por la grandeza, la fuerza ni el mérito de la criatura, sino según el beneplácito de su voluntad. Lo que es alto a los ojos humanos no determina los designios eternos; el Señor exalta lo humilde y elige libremente dónde poner su nombre. La majestad de Basán solo sirve para realzar, por contraste, la gracia inmerecida que distinguió a Sion.

Referencias relacionadas. Esta libre elección resuena en Deuteronomio 7:7, donde Dios ama a Israel no por ser grande sino por su pura misericordia. Conecta con 1 Corintios 1:27-29, pues Dios escoge lo débil para avergonzar lo fuerte, y con Isaías 2:2, donde el monte de la casa del Señor será exaltado sobre los collados. Apunta a Hebreos 12:22, al monte de Sion celestial, la Jerusalén eterna.

Aplicación práctica. Cuando observamos a quienes brillan por poder, riqueza o talento, recordemos que el favor de Dios no se compra con grandeza. Él habita entre los humildes de espíritu y se complace en morar donde su gracia ha establecido su nombre. No envidiemos los «montes de Basán» del mundo; descansemos en que el Señor nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo, no por nuestros méritos, sino por su sola voluntad soberana.

Para reflexionar. ¿Buscas la aprobación de Dios apoyándote en tu propia altura, o reposas humildemente en la libre y soberana gracia que te eligió en Cristo?

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