Significado. En medio del oprobio y las aguas profundas, el creyente clava su esperanza no en su mérito sino en «el tiempo de tu buena voluntad» y en «la verdad de tu salvación». La oración fiel descansa sobre la libre gracia de Dios.

Contexto. El Salmo 69 es un salmo davídico de lamento individual, atribuido a David, escrito desde una situación de persecución intensa: el salmista se hunde en cieno, sus enemigos lo odian sin causa y el celo por la casa de Dios lo ha hecho objeto de burla. Dirigido a la asamblea del pueblo del pacto para su uso litúrgico, este salmo se convirtió en uno de los más citados por el Nuevo Testamento respecto a Cristo. El versículo 13 marca un giro: del clamor angustiado el orante se vuelve resueltamente hacia Dios.

Explicación. «Pero yo a ti oraba, oh Jehová» contrapone la fe del justo a la hostilidad de los impíos descrita antes. El «pero» es el lenguaje de la perseverancia de los santos: aun rodeado de aguas, el creyente no abandona el trono de la gracia. La frase «en el tiempo de tu buena voluntad» (heb. «et ratzón») confiesa que la respuesta depende del beneplácito soberano de Dios, no de la presión humana; Él obra según el consejo de su voluntad. Y el fundamento de la súplica es doble: «la abundancia de tu misericordia» (jésed, el amor pactual) y «la verdad de tu salvación», es decir, la fidelidad de Dios a sus promesas. Aquí la oración reformada halla su molde: pedimos no por lo que merecemos sino apelando al carácter de Dios.

Referencias relacionadas. El versículo 9 («el celo de tu casa me consumió») es aplicado a Cristo en Juan 2:17, mostrando que David habla aquí como tipo del Mesías sufriente. Compárese Isaías 49:8, «en tiempo aceptable te oí», citado en 2 Corintios 6:2 sobre el día de salvación. El descansar en la misericordia y la verdad evoca el Salmo 25:10 y Éxodo 34:6, donde Dios se revela «misericordioso y verdadero».

Aplicación práctica. Cuando la aflicción se prolonga y el cielo parece callar, el modelo del salmista nos enseña a seguir orando sin condicionar a Dios a nuestros plazos. Confiamos en su «tiempo» perfecto y nos aferramos a su pacto sellado en Cristo. La oración no es palanca para mover a un Dios reacio, sino comunión con un Padre cuya buena voluntad ya fue probada en el Calvario.

Para reflexionar. ¿Estoy dispuesto a esperar «el tiempo de su buena voluntad», descansando en la misericordia y la verdad de Dios, aun cuando la respuesta tarda?

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