Significado. Cuando el justo padece por causa de Dios, hasta los más despreciables lo convierten en objeto de burla; sin embargo, ese oprobio no escapa al gobierno soberano del Señor.

Contexto. El Salmo 69 es una lamentación atribuida a David, escrita desde un hondo padecimiento. El salmista se halla hundido en aguas profundas, perseguido sin causa y aborrecido por enemigos numerosos. Dirigido originalmente al pueblo del pacto que cantaba estos salmos en el culto, este cántico expresa el dolor del siervo fiel que sufre precisamente por su celo hacia la casa de Dios, anticipando un patrón que la Escritura aplicará plenamente al Mesías.

Explicación. «Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y me zaherían en sus canciones los bebedores». La puerta de la ciudad era el lugar de los jueces y ancianos, los respetables; las canciones de los borrachos representan lo más vil de la sociedad. El salmista describe así un desprecio total, que abarca desde la cúspide hasta la escoria. El término hebreo evoca tanto la conversación pública como la murmuración burlona. La teología reformada subraya que este oprobio no es accidental, sino que recae sobre quien sufre por amor a la verdad de Dios; la copa de la afrenta forma parte del camino del justo en un mundo caído, y Dios la ordena soberanamente para sus propósitos santos.

Referencias relacionadas. El Salmo 69 es ampliamente citado en el Nuevo Testamento como cristológico: el celo por la casa de Dios (Juan 2:17), el oprobio que cayó sobre Cristo (Romanos 15:3) y el vinagre ofrecido en la cruz (Juan 19:28-29). Compárese también con Job 30:9, donde Job es canción de los hombres, y con Lamentaciones 3:14. El patrón del justo escarnecido culmina en Isaías 53:3, el Siervo despreciado y desechado.

Aplicación práctica. El creyente que vive con fidelidad debe esperar el desprecio del mundo, tanto de los poderosos como de los despreciables; no es señal de fracaso, sino comunión con los padecimientos de Cristo. Antes que defendernos con amargura, llevemos la afrenta al Señor, confiando en que Él la gobierna y la transformará para nuestro bien y su gloria. La burla de los hombres no altera nuestra posición delante de un Dios que justifica al impío por la fe.

Para reflexionar. ¿Estoy dispuesto a soportar el oprobio del mundo por causa de Cristo, confiando en que el Dios soberano que lo permite también lo redime?

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