Significado. El creyente que se hunde en aguas profundas no es abandonado por su Dios soberano; aun en el cieno donde no hay donde afirmar el pie, el Señor sostiene a los suyos.

Contexto. El Salmo 69 es atribuido a David, varón conforme al corazón de Dios. Es un salmo de lamento individual, surgido en medio de persecución y reproche, donde el salmista clama desde una angustia que amenaza con anegarlo. Sus destinatarios inmediatos fueron los adoradores de Israel que cantaban estos lamentos en el culto, pero el Espíritu Santo lo orientó proféticamente hacia el Mesías, pues el Nuevo Testamento lo cita repetidamente respecto de Cristo.

Explicación. El versículo dice «Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; he venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado». Las imágenes del «cieno» y las «aguas profundas» retratan una aflicción que sobrepasa toda fuerza humana; no hay terreno firme bajo los pies del salmista. Desde una lectura reformada, esta indefensión total prepara el corazón para confiar únicamente en la gracia soberana de Dios, pues quien no halla apoyo en sí mismo aprende a descansar en el Señor que ordena aun las tormentas. La expresión «la corriente me ha anegado» reconoce que estas aguas no son fortuitas, sino que vienen bajo la providencia del Dios que todo lo gobierna para bien de sus elegidos.

Referencias relacionadas. El clamor de las aguas profundas resuena en Salmos 42:7 y en el grito de Jonás desde el abismo (Jonás 2:3-5). El versículo 21 de este mismo salmo halla cumplimiento en la cruz, cuando dieron vinagre a Cristo (Juan 19:28-30), y el versículo 9 se aplica al celo del Señor por la casa de su Padre (Juan 2:17). Así, Salmos 69 anticipa los padecimientos del Siervo que pasó por las aguas según Isaías 43:2.

Aplicación práctica. Habrá temporadas en que el hijo de Dios sienta que se hunde sin hallar donde afirmarse: enfermedad, pérdida, calumnia o sequedad espiritual. Lejos de fingir fortaleza, somos llamados a clamar como David, sabiendo que la misma corriente que nos anega está bajo el dominio del Padre que no suelta a los que ha redimido. Que el creyente recuerde a Cristo, quien descendió a las aguas más hondas del juicio para que los suyos jamás se ahoguen en condenación.

Para reflexionar. Cuando no encuentras terreno firme bajo tus pies, ¿buscas dónde apoyarte en ti mismo, o aprendes a descansar en la mano soberana del Dios que sostiene a los que claman a él?

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