Significado. Cuando el impío se niega a volverse, Dios mismo afila su espada y tensa su arco: la justicia divina no es pasividad indiferente, sino disposición santa y deliberada contra el pecado obstinado.

Contexto. El Salmo 7 es un «sigaión» de David, cantado al Señor con motivo de las palabras de Cus, de la tribu de Benjamín. Perseguido y calumniado, David no toma la venganza en sus manos, sino que acude al Juez justo de toda la tierra. Los destinatarios originales fueron el pueblo del pacto que cantaba estos lamentos en su culto; pero el Espíritu los preservó para la Iglesia de todos los tiempos. El versículo 12 pertenece a la sección donde el salmista contempla el destino del impío que persiste en su maldad.

Explicación. El sujeto del verbo «volverse» (en hebreo, «shub», arrepentirse) es el malvado del versículo anterior. La frase «Si no se arrepiente» señala que la espera de Dios es real: hay una invitación implícita a la conversión. Pero ante la dureza impenitente, Dios «afilará su espada» y «tenderá y preparará su arco». Estas imágenes guerreras describen al Juez que no obra con precipitación, sino con santa premeditación. Desde una lectura reformada, vemos aquí la justicia retributiva de un Dios soberano que no puede pasar por alto el pecado; y, a la vez, la paciencia que precede al juicio (Romanos 2:4-5). El arrepentimiento que aquí se demanda no nace de la voluntad autónoma del hombre caído, sino que, cuando ocurre, es don de la gracia eficaz que quebranta el corazón endurecido.

Referencias relacionadas. El lenguaje del arco y la espada divina resuena en Deuteronomio 32:41-42 e Isaías 34:5-6. La paciencia que aguarda la conversión se ve en Ezequiel 18:23 y 2 Pedro 3:9. La advertencia contra la dureza impenitente está en Romanos 2:5 y Hebreos 10:31. La salvación del afligido por mano del Juez justo apunta a Cristo, quien «juzgará al mundo con justicia» (Hechos 17:31).

Aplicación práctica. Este versículo nos llama a tomar en serio la santidad de Dios y la gravedad del pecado no confesado. Vivimos en tiempos que prefieren un Dios meramente sentimental; pero la Escritura nos muestra al Señor que ama y, por amar la justicia, juzga. La buena nueva es que el arma de su juicio fue descargada sobre Cristo en la cruz a favor de los suyos. Por eso, mientras hay día, debemos huir de la presunción, examinar nuestro corazón y refugiarnos en el Salvador antes que la paciencia divina dé paso a la sentencia.

Para reflexionar. ¿Estoy interpretando la paciencia de Dios como una oportunidad para arrepentirme, o como un permiso para seguir endurecido?

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