Significado. El creyente ruega que la propia justicia de Dios sea la causa de su liberación; no apela a sus méritos, sino al carácter fiel de Aquel que salva a los suyos.

Contexto. El Salmo 71 es la oración de un anciano piadoso, atribuido por la tradición a David en su vejez, que recuerda toda una vida sostenida por Dios desde el vientre materno (v. 6). Enfrentado a enemigos que lo creen abandonado (v. 11), el salmista no es un destinatario lejano: representa al pueblo del pacto que, en cualquier edad, confía en el Dios que no desampara a sus elegidos. El salmo se entreteje con ecos del Salmo 31 y 22, mostrando una piedad alimentada por toda la Escritura.

Explicación. El versículo articula cuatro peticiones paralelas: «líbrame», «rescátame», «inclina a mí tu oído», «sálvame». El fundamento de todas es la frase «en tu justicia». La justicia de Dios (en hebreo, «tsedaqah») no es aquí una norma que condena, sino el atributo por el cual Dios cumple fielmente sus promesas pactuales y vindica a quien se refugia en Él. Desde la teología reformada, esto anticipa el evangelio: la salvación procede de la justicia de Dios revelada (Romanos 1:17), no de la nuestra. El salmista no negocia con Dios; descansa en la soberanía de la gracia, sabiendo que la liberación brota del propio ser fiel de Dios y no de condiciones humanas.

Referencias relacionadas. Compárese con Salmos 31:1-2, casi idéntico en su súplica. La justicia salvadora resuena en Isaías 46:13 y se consuma en Cristo, en quien la justicia de Dios y la justificación del pecador se encuentran (Romanos 3:24-26; 2 Corintios 5:21). «Inclina tu oído» halla eco en Salmos 17:6 y Daniel 9:18, donde se ora apelando a la misericordia divina, no al mérito propio.

Aplicación práctica. En las pruebas, especialmente en la vejez o el desamparo, el creyente no debe escudriñar sus obras buscando confianza, sino los atributos inmutables de Dios. Oramos con audacia porque la fidelidad de Dios, y no nuestra constancia, es la roca. Esto libera al alma ansiosa: nuestra seguridad reposa en quien Él es. Cuando los enemigos o las circunstancias declaran que Dios nos ha olvidado, respondemos refugiándonos precisamente en su justicia y misericordia reveladas en Cristo.

Para reflexionar. ¿Sobre qué fundas tu confianza cuando oras pidiendo liberación: sobre tu fidelidad o sobre la justicia fiel de Dios?

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