Significado. El Rey verdadero estima preciosa la sangre de los desvalidos y los redime de la opresión, porque su reino se mide por la justicia que ejerce con los más débiles.

Contexto. El Salmo 72 lleva el título «Para Salomón» y se cierra como broche del libro segundo del Salterio (Salmos 42-72). Compuesto en el ambiente de la monarquía davídica, es una oración por el rey ungido: que reine con justicia, que defienda a los pobres y que su dominio se extienda hasta los confines de la tierra. Israel, pueblo del pacto, anhelaba un monarca que reflejara el gobierno mismo de Dios; pero ningún hijo de David agotó esta esperanza, que apunta más allá de Salomón al Rey mesiánico.

Explicación. El versículo declara que el rey rescatará a los oprimidos «del engaño y de la violencia», las dos grandes armas con que el fuerte aplasta al débil: el fraude encubierto y la fuerza descarada. La frase culminante, «la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos», revela el corazón del buen gobierno: la vida del más insignificante tiene valor inmenso para quien reina conforme a Dios. Desde la lectura reformada, este rey ideal solo se cumple en Cristo, el Hijo de David, cuyo reinado mediador (Westminster) se ejerce en justicia. El término «redimir» (gaal) anticipa la obra del Redentor que, lejos de derramar la sangre ajena, derrama la suya propia; y aquella sangre, preciosa ante los ojos del Padre, compra eficazmente a los suyos según el eterno designio de la gracia soberana.

Referencias relacionadas. La preciosidad de la sangre redentora resuena en 1 Pedro 1:18-19, donde somos rescatados «con la sangre preciosa de Cristo». La defensa del oprimido aparece en Proverbios 23:10-11 y en Isaías 11:4, retrato del Mesías que juzga con justicia a los pobres. El precio de cada vida ante Dios se afirma en Salmos 116:15, y el reinado universal del versículo 14 se enmarca en el dominio descrito en Salmos 72:8 y en Apocalipsis 11:15.

Aplicación práctica. Si el Rey tiene por preciosa la sangre de los desvalidos, su iglesia no puede ser indiferente ante la injusticia, el abuso ni el menosprecio del débil. Quien ha sido redimido a tan alto precio aprende a mirar al prójimo vulnerable con los ojos de Cristo, dando voz al silenciado y socorro al afligido. Descansa, además, el creyente: ninguna lágrima ni gota de su vida pasa inadvertida ante un Soberano que cuenta cada cabello y guarda a los suyos hasta el fin.

Para reflexionar. Si mi vida fue rescatada por la sangre preciosa del Rey, ¿trato yo como preciosa la vida de los que el mundo considera insignificantes?

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