Significado. El rey verdadero según el corazón de Dios no oprime a los débiles, sino que defiende al afligido y quebranta al opresor. Aquí late la justicia del reino que solo Cristo cumple plenamente.

Contexto. El Salmo 72 lleva la inscripción «de Salomón» (o «para Salomón»), y la tradición lo entiende como oración de David por su hijo, cerrando el segundo libro del Salterio. Es un salmo real que pide a Dios que el monarca de Israel reine con justicia. Sus destinatarios inmediatos son el pueblo del pacto, que esperaba un rey que reflejara el gobierno de Yahvé; pero su lenguaje desborda a cualquier rey terrenal y apunta proféticamente al Mesías.

Explicación. El versículo describe la tarea regia en tres movimientos: «juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso y aplastará al opresor». El verbo «juzgar» (del hebreo «shafat») no es meramente dictar sentencias, sino hacer justicia restauradora, poniendo las cosas en orden conforme a la voluntad de Dios. Los «afligidos» y «menesterosos» son los sin poder, aquellos que no pueden defenderse; el rey justo se convierte en su abogado. Desde la perspectiva reformada, este reinado de justicia no brota de la virtud humana del monarca, sino de la soberanía de Dios que dota y sostiene a su ungido. Ningún hijo de Adán reina así por sí mismo; la promesa se cumple en Cristo, el Rey mesiánico que en su humillación y exaltación establece el reino donde el oprimido es vindicado y el opresor finalmente quebrantado.

Referencias relacionadas. Compárese con Isaías 11:4, donde el retoño de Isaí «juzgará con justicia a los pobres»; con Salmos 82:3-4 sobre defender al débil; con Lucas 4:18, donde Jesús proclama buenas nuevas a los pobres; y con Apocalipsis 19:11-15, donde el Rey juzga y guerrea con justicia, aplastando definitivamente toda opresión.

Aplicación práctica. La iglesia, como pueblo del Rey justo, está llamada a reflejar este carácter: no podemos profesar lealtad a Cristo y permanecer indiferentes ante el oprimido. Quien ha sido salvado por gracia defiende al menesteroso, no por mérito propio sino como fruto del Espíritu. A la vez, el versículo consuela al afligido: hay un Rey que ve, juzga y actuará, aunque la justicia humana falle.

Para reflexionar. ¿Confío mi causa al Rey que defiende al menesteroso, y dejo que su justicia transforme mi manera de tratar a los débiles que me rodean?

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