Significado. Cuando el rey gobierna en justicia, hasta los montes y collados se convierten en mensajeros de paz para el pueblo. La verdadera prosperidad nace de un gobierno alineado con la rectitud de Dios.

Contexto. El Salmo 72 lleva la inscripción «de Salomón» (o «para Salomón»), una oración real que probablemente David elevó por su hijo, o que se entonaba en la entronización del monarca davídico. Israel, como nación del pacto, dependía de que su rey reflejara el reinado justo del Señor. El versículo 3 forma parte de la petición inicial (vv. 1-4): que el rey juzgue con justicia y traiga bienestar a todo el pueblo, especialmente a los pobres y oprimidos.

Explicación. Los «montes» y «collados», lo más estable y elevado de la tierra, «llevarán» o producirán «paz» (shalom) al pueblo «en justicia» (tsedaqah). La imagen es agrícola y cósmica a la vez: cuando la justicia reina, la creación misma parece colaborar con abundancia. Desde una lectura reformada, este shalom no es mera ausencia de conflicto, sino la plenitud restaurada que solo Dios, soberano sobre toda la tierra, concede. La justicia y la paz aquí no se oponen, sino que se besan (Salmo 85:10): la paz auténtica brota únicamente de la rectitud. Ningún rey terrenal cumplió esto plenamente; el salmo apunta más allá de Salomón hacia el Rey mesiánico.

Referencias relacionadas. Isaías 32:17 declara que «el efecto de la justicia será paz». Isaías 9:6-7 anuncia al Príncipe de paz cuyo reino se afirma «en juicio y en justicia». Salmo 85:10 une misericordia y verdad, justicia y paz. Hebreos 7:2 presenta a Cristo como Rey de justicia y Rey de paz. Romanos 5:1 muestra que, justificados por la fe, tenemos paz para con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo.

Aplicación práctica. Anhelamos sociedades donde florezca la paz, pero esta jamás se sostiene sobre la injusticia. Como creyentes, oremos por gobernantes que busquen la rectitud y, sobre todo, fijemos nuestra esperanza en Cristo, el Rey justo cuyo reino sí trae shalom verdadero. En lo personal, busquemos primero su justicia, confiando que la paz acompaña a la vida sometida a su señorío. No fabricamos paz comprometiendo la verdad; la recibimos como fruto de la gracia que nos hace justos en Cristo.

Para reflexionar. ¿Estoy buscando paz por caminos que evaden la justicia de Dios, o descanso en Cristo, el Rey justo de quien brota toda verdadera paz?

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