Significado. El rey ungido por Dios debe gobernar con justicia y defender a los humildes, anticipando al Mesías cuyo reinado encarna la rectitud divina sobre su pueblo.

Contexto. El Salmo 72 lleva el título «de Salomón» (o «para Salomón»), y la tradición lo ha leído como una oración real, quizá compuesta por David al final de sus días o por el mismo Salomón al inicio de su reinado. Su escenario es la monarquía davídica, heredera del pacto de 2 Samuel 7. Los destinatarios originales fueron la corte y el pueblo de Israel, que veían en el rey al representante visible del gobierno de Dios. La iglesia, sin embargo, lo ha contemplado como un cántico que rebasa a todo monarca terrenal y apunta a Cristo, el Hijo de David.

Explicación. El versículo es una petición: «Él juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio recto». El verbo hebreo «din» (juzgar) y el término «mishpat» (juicio) describen no una sentencia fría, sino un gobierno que pone las cosas en su debido orden conforme al carácter de Dios. Nótese que el pueblo es llamado «tu pueblo» y «tus afligidos»: la propiedad es de Dios, y el rey administra lo ajeno como mayordomo bajo el Soberano. La perspectiva reformada subraya que toda autoridad legítima desciende del trono divino (Romanos 13:1) y que la justicia verdadera fluye de la gracia, pues solo Cristo, el Rey justo, cumple cabalmente lo que ningún hijo de Adán podría. Los «afligidos» reciben atención especial, manifestando que el reino de Dios se inclina hacia los quebrantados.

Referencias relacionadas. El ideal del rey justo se enraíza en Deuteronomio 17:18-20 y resplandece en Isaías 11:3-5, donde el retoño de Isaí juzga con justicia a los pobres. Jeremías 23:5 promete un «Renuevo justo». En el Nuevo Testamento, Hebreos 1:8-9 aplica a Cristo el trono de justicia, y Apocalipsis 19:11 lo presenta juzgando con rectitud.

Aplicación práctica. Esta oración nos enseña a clamar por gobernantes justos y a reconocer que la justicia social brota de una fuente más alta que la política humana. Quienes ejercen autoridad —en el hogar, la iglesia o el Estado— han de recordar que administran lo que pertenece a Dios y rendirán cuentas ante el Rey de reyes. Para los afligidos, el salmo ofrece consuelo: hay un Juez recto que no los olvida.

Para reflexionar. ¿Confío mi causa al Rey justo que defiende a los humildes, o sigo buscando justicia solo en los tribunales de los hombres?

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