Significado. Dios mismo declara que el juicio no es asunto del azar ni de la impaciencia humana, sino que Él escoge el tiempo señalado para juzgar con perfecta rectitud. «Yo juzgaré rectamente» es la promesa que sostiene al creyente cuando la injusticia parece prevalecer.

Contexto. El Salmo 75 lleva el encabezado «Al músico principal; sobre No destruyas. Salmo de Asaf; cántico». Asaf, levita y director del canto en tiempos de David, compone aquí un himno de acción de gracias que anticipa el juicio venidero de Dios sobre los soberbios. El salmo se dirige al pueblo del pacto, posiblemente en un contexto de amenaza nacional, recordándoles que el Señor, y no las potencias arrogantes, gobierna la historia. La estructura alterna la voz de la congregación con la voz de Dios, quien irrumpe en el versículo 2 para hablar directamente.

Explicación. El versículo abre con Dios como sujeto: «Al tiempo que señalaré, yo juzgaré rectamente». El término hebreo para «tiempo señalado» (mo'ed) indica un momento fijado por decreto divino, no improvisado. Aquí brilla la soberanía de Dios sobre el calendario de la historia: el juicio tiene una hora precisa que solo Él conoce y determina. El verbo «juzgaré» (con el sentido de «meixarim», rectitudes) subraya que la justicia divina es perfectamente equitativa, libre de parcialidad y de error. Para la teología reformada, esto reafirma que el Dios providente no reacciona a los acontecimientos, sino que los ordena conforme a su consejo eterno. La paciencia divina ante el malvado no es debilidad ni indiferencia, sino la administración soberana de un plan que culminará en el día fijado.

Referencias relacionadas. Hechos 17:31 declara que Dios «ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó», vinculando este juicio recto con Cristo. Eclesiastés 3:17 afirma que «hay un tiempo para todo lo que se quiere». 2 Pedro 3:9 explica que la aparente tardanza es paciencia para salvación. Salmos 96:13 y 98:9 celebran al Señor que viene a juzgar la tierra con justicia.

Aplicación práctica. Cuando contemplamos la maldad que parece quedar impune y la injusticia que se ensaña con los humildes, este versículo nos llama a descansar en la soberanía de Dios sobre el tiempo. No nos toca a nosotros arrebatar la venganza ni desesperar ante la demora; nos toca confiar en que el Juez de toda la tierra hará lo recto en la hora que Él ha fijado. Esta confianza produce serenidad pastoral y nos libra tanto de la amargura como de la ansiedad, fijando nuestra esperanza en Cristo, el Juez justo.

Para reflexionar. ¿Estoy dispuesto a confiar en el «tiempo señalado» de Dios para hacer justicia, aun cuando su demora ponga a prueba mi paciencia y mi fe?

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