Significado. Cuando la tierra y sus habitantes tiemblan, es Dios quien sostiene firmes las columnas del mundo. La estabilidad de toda la creación descansa no en sí misma, sino en la mano soberana del Señor.

Contexto. El Salmo 75 es un salmo de Asaf, dirigido «al músico principal; sobre No destruyas». Asaf, levita y director del culto en tiempos de David, compone un cántico de acción de gracias que celebra el juicio justo de Dios. El salmo alterna voces: la congregación que agradece, Dios mismo que habla, y el salmista que responde. En el versículo 3 es Dios quien declara su obra. Los destinatarios son el pueblo del pacto, tentado a desfallecer ante la arrogancia de los impíos y la aparente inestabilidad del orden del mundo.

Explicación. El versículo dice: «Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas». El verbo hebreo evoca un derretirse o disolverse, la imagen de un mundo que se desintegra bajo el peso del pecado y del caos. Las «columnas» (en hebreo, los pilares) remiten a la cosmovisión antigua de la tierra fundada sobre cimientos. La afirmación central es providencial: el «yo» enfático de Dios sostiene lo que de suyo se desmoronaría. Desde la perspectiva reformada, aquí brilla la doctrina de la providencia: Dios no solo creó, sino que conserva y gobierna todas las cosas (Westminster, cap. V). La criatura no posee estabilidad autónoma; subsiste momento a momento por la palabra de poder del Soberano. Esta es la base de toda esperanza: el mismo Dios que sujeta los pilares del cosmos sujeta también el destino de su pueblo.

Referencias relacionadas. 1 Samuel 2:8 declara que «de Jehová son las columnas de la tierra, y él afirmó sobre ellas el mundo». Hebreos 1:3 presenta al Hijo «sustentando todas las cosas con la palabra de su poder», lectura cristocéntrica que identifica al sostenedor con Cristo. Colosenses 1:17 afirma que «todas las cosas en él subsisten». Salmos 46:2-3 contrasta el temblor de los montes con la fe del pueblo que no teme.

Aplicación práctica. Vivimos rodeados de inestabilidad: crisis económicas, convulsiones políticas, quebrantos personales que parecen «derretir» el suelo bajo nuestros pies. Este versículo nos llama a no fundar la confianza en estructuras humanas frágiles, sino en el Dios que sostiene las columnas. Cuando todo se sacude, el creyente recuerda que la mano que afirma el universo es la misma que guarda su vida. Esto produce sosiego sin pasividad: trabajamos y oramos, pero descansamos en que el gobierno final pertenece al Señor.

Para reflexionar. ¿En qué columnas estoy apoyando hoy mi seguridad, y qué cambiaría si creyera de veras que es Dios quien sostiene cada pilar de mi mundo?

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