Significado. Solo Dios es temible, y nadie puede sostenerse en pie ante el ardor de su justa ira. El temor reverente de Dios no es esclavitud, sino la única postura sensata de la criatura ante su Creador soberano.

Contexto. El Salmo 76 es un cántico de Asaf, dirigido al músico principal sobre instrumentos de cuerda. La tradición lo vincula a la liberación de Jerusalén frente a una potencia hostil, probablemente la derrota del ejército asirio de Senaquerib. Sus destinatarios eran los adoradores de Judá, llamados a reconocer que la salvación de Sión no provino de su fuerza, sino del Dios que habita en Salem y quebranta las flechas del enemigo. El versículo 7 corona la descripción del poder divino con una declaración solemne sobre su majestad.

Explicación. El texto afirma: «Tú, temible eres tú; ¿y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?». El adjetivo hebreo nora’ designa lo que inspira pavor sagrado, no terror supersticioso. La pregunta retórica «¿quién podrá estar en pie?» subraya la absoluta insuficiencia de toda criatura ante el tribunal de Dios. Desde la perspectiva reformada, este versículo defiende la soberanía y la santidad inalienables de Dios: él no comparte su gloria, y su ira es la reacción justa y necesaria de su santidad contra el pecado. Que nadie pueda permanecer en pie revela nuestra total dependencia de la gracia; si hemos de subsistir, será únicamente porque otro estuvo en pie por nosotros. Así, el versículo apunta más allá de sí mismo hacia la necesidad de un Mediador.

Referencias relacionadas. El temor de Jehová como principio de sabiduría aparece en Proverbios 1:7 y Salmos 111:10. La imposibilidad de permanecer ante la ira divina resuena en Nahúm 1:6 y Malaquías 3:2. La respuesta del evangelio se halla en Romanos 5:9, donde somos justificados por la sangre de Cristo y librados de la ira, y en Romanos 8:1, que declara que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.

Aplicación práctica. Vivimos en una época que ha domesticado a Dios, reduciéndolo a un compañero indulgente. Este versículo nos llama a recuperar la reverencia: adorar con asombro, confesar el pecado con seriedad y descansar en Cristo, el único que estuvo en pie bajo la ira que merecíamos. Quien teme a Dios rectamente no teme nada más; halla en su santidad refugio y no amenaza, pues el mismo Dios temible es nuestro Padre en el Hijo.

Para reflexionar. Si nadie puede permanecer en pie ante la ira de Dios, ¿en quién o en qué estás confiando hoy para sostenerte en el día del juicio?

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