Significado. El Dios que hace maravillas no es un poder lejano y mudo, sino el Soberano que ha dado a conocer su fuerza entre los pueblos. La fe se aferra a lo que Dios ya reveló de sí mismo cuando el alma ya no siente su presencia.

Contexto. El Salmo 77 se atribuye a Asaf, levita y director del culto en tiempos de David. Es un lamento personal que brota de una noche de angustia: el salmista clama sin consuelo y se pregunta si Dios ha olvidado tener misericordia (vv. 1-9). Entonces decide deliberadamente recordar las obras antiguas del Señor (vv. 10-12), y el versículo 14 inaugura esa meditación sobre el carácter y los hechos de Dios, destinada al pueblo del pacto que adoraba en la congregación.

Explicación. «Tú eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder.» El término hebreo para «maravillas» (pélé) designa actos que sobrepasan toda capacidad humana, propios solo de Dios. Nótese el giro pastoral: Asaf no dice «hazme una maravilla», sino «Tú eres el Dios que hace maravillas». La teología reformada subraya aquí que la fe descansa en el ser inmutable de Dios antes que en la experiencia cambiante del creyente. «Hiciste notorio» (yadá, dar a conocer) revela que el poder divino no se ejerce en secreto ni de modo arbitrario: Dios se autorrevela soberanamente, y esa manifestación abarca «los pueblos», anticipando que su gloria no quedará confinada a Israel.

Referencias relacionadas. El recuerdo de las maravillas evoca el éxodo, citado explícitamente en los versículos siguientes (vv. 15-20; cf. Éxodo 15:11, «¿quién como tú, magnífico en santidad, hacedor de maravillas?»). La revelación del poder de Dios entre las naciones halla eco en Salmos 98:2 e Isaías 52:10, y su cumplimiento pleno en Cristo, sabiduría y poder de Dios (1 Corintios 1:24), cuya cruz y resurrección son la maravilla suprema dada a conocer a todos los pueblos (Mateo 28:18-20).

Aplicación práctica. Cuando la oración parece chocar con un cielo de bronce, el camino reformado no es fabricar emociones, sino predicarnos lo que Dios ya ha revelado de sí mismo. Recordar deliberadamente sus obras pasadas, sobre todo el evangelio, reorienta el corazón de nuestras circunstancias a su carácter inmutable. La memoria de la gracia se vuelve así disciplina espiritual y arma contra la desesperanza.

Para reflexionar. ¿En tus noches de angustia clamas por una nueva señal, o aprendes con Asaf a descansar en el Dios que ya hizo notorio su poder en la cruz?

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