Significado. Las aguas vieron a Dios y se estremecieron; el Creador soberano gobierna aun aquello que parece indomable, y toda la creación reconoce a su Señor.

Contexto. El Salmo 77 se atribuye a Asaf, levita y director del canto en tiempos de David. Es un lamento del pueblo creyente que atraviesa la noche del alma: «¿Desechará el Señor para siempre?» (v. 7). A partir del versículo 10, el salmista cambia de dirección y resuelve recordar las obras del Señor. Los versículos 16-20 evocan el éxodo y el paso del mar Rojo, recordando a Israel —y a todo destinatario afligido— que el Dios del pasado sigue siendo fiel.

Explicación. «Te vieron las aguas, oh Dios; te vieron las aguas y temieron; los abismos también se estremecieron». La repetición hebrea intensifica el asombro: las aguas, símbolo del caos y de lo que el hombre no puede dominar, retroceden ante la presencia del Santo. El verbo «temieron» (hebreo «jul», retorcerse, temblar como en parto) muestra a la creación reaccionando con reverencia ante su Hacedor. Para la teología reformada, esto confirma la soberanía absoluta de Dios sobre toda la naturaleza: nada existe ni se mueve fuera de su decreto. El mar que dividió a su pueblo no actuó por azar, sino por la voluntad eficaz de quien manda y es obedecido.

Referencias relacionadas. El trasfondo es Éxodo 14:21-22, el paso del mar Rojo. Compárese con Job 38:8-11, donde Dios pone puertas al mar; con el Salmo 114:3, «el mar lo vio y huyó»; y con Marcos 4:39-41, donde Cristo calma la tempestad y los discípulos preguntan «¿Quién es este?». Aquel a quien las aguas obedecen es el mismo Señor encarnado, revelando que el Redentor del éxodo es Cristo.

Aplicación práctica. Cuando las circunstancias parecen un abismo que amenaza con tragarnos, este versículo nos llama a recordar quién gobierna las aguas. Si los elementos tiemblan ante Dios, también nuestras tormentas están bajo su mano. El creyente abatido, como Asaf, halla consuelo no en sus emociones cambiantes, sino en las obras inmutables de un Dios soberano que ya ha redimido a su pueblo y lo guarda hasta el fin.

Para reflexionar. ¿Estás midiendo a Dios por el tamaño de tus aguas, o midiendo tus aguas por la grandeza del Dios ante quien los abismos se estremecen?

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