Significado. El pueblo de Dios es llamado a inclinar el oído a la enseñanza del pacto, porque la fe nace y se sostiene escuchando la voz de Dios transmitida fielmente de generación en generación.

Contexto. El Salmo 78 es un «masquil» atribuido a Asaf, levita y director del culto en tiempos de David. Es un salmo histórico-didáctico que recorre la historia de Israel desde el éxodo hasta la elección de David, con el fin de instruir a las nuevas generaciones. El versículo 1 abre el poema con un llamado solemne dirigido al pueblo, «mi pueblo», invitándolo a escuchar la «ley» o instrucción que Dios ha confiado a sus siervos para preservar la memoria de sus obras redentoras.

Explicación. El término hebreo «torah» aquí no se limita al código legal, sino que designa toda la enseñanza divina, la doctrina del pacto. La expresión «inclinad vuestro oído» evoca una disposición humilde y atenta, no meramente intelectual sino del corazón. Desde una lectura reformada, este versículo subraya que la fe es «por el oír» (Romanos 10:17): Dios soberanamente engendra y nutre a su pueblo mediante el medio ordinario de su Palabra proclamada. Asaf no apela a la curiosidad humana, sino a la obligación pactual de recibir lo que Dios revela. La iniciativa es de Dios, que habla; la responsabilidad del pueblo es escuchar con sumisión reverente.

Referencias relacionadas. Deuteronomio 6:6-7 ordena enseñar la Palabra a los hijos; Proverbios 4:1-2 repite el llamado a oír la instrucción; Romanos 10:17 funda la fe en el oír de la Palabra; e Isaías 55:3 invita a inclinar el oído para hallar vida en el pacto eterno. Cristo mismo, como mayor que Asaf, abre su boca para enseñar en parábolas (Mateo 13:35, que cita este salmo).

Aplicación práctica. En una época saturada de voces, el creyente reformado reconoce que solo la voz de Dios en las Escrituras tiene autoridad para formar la fe. Cultivemos el hábito de oír atentamente la predicación, leer la Palabra en familia y transmitirla a nuestros hijos, confiando en que el Espíritu obra eficazmente mediante estos medios de gracia. La transmisión generacional de la sana doctrina no es opcional, sino mandato del pacto.

Para reflexionar. ¿Estoy inclinando verdaderamente mi oído a la enseñanza de Dios, o escucho su Palabra con un corazón distraído y dividido?

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