Significado. Lo que Dios ha hecho no se descubre, se recibe: la fe vive de un testimonio transmitido, «las cosas que oímos y conocimos, y que nuestros padres nos las contaron».

Contexto. El Salmo 78 es un masquil atribuido a Asaf, cantor levítico del tiempo de David, encargado del culto en el santuario. Es un salmo didáctico e histórico que recorre la conducta de Israel desde el éxodo hasta la elección de David, para que la generación venidera no repita la infidelidad de sus padres. Los destinatarios son el pueblo del pacto reunido en adoración; el versículo 3 pertenece al prólogo (vv. 1-8), donde el salmista anuncia su propósito pedagógico antes de narrar la historia.

Explicación. El verbo «oímos» y «conocimos» une dos modos del saber: el escuchar y el aprehender con certeza. La revelación de Dios no es un hallazgo de la razón autónoma, sino algo que llega de fuera, por medio de la palabra recibida; aquí asoma el principio reformado de que la fe nace del oír (Romanos 10:17) y depende enteramente de la iniciativa divina que se da a conocer. «Nuestros padres nos las contaron» subraya el carácter pactual y mediado de la verdad: Dios obra en cadenas de generaciones, ligando a los hijos en el pacto hecho con los padres. No se trata de mera tradición humana, sino de la fidelidad soberana de Dios que preserva su testimonio a través del tiempo, sosteniendo a su iglesia de siglo en siglo.

Referencias relacionadas. Deuteronomio 6:6-7 ordena enseñar la palabra a los hijos; Éxodo 12:26-27 manda explicar la pascua a la descendencia. El Salmo 44:1 repite el mismo motivo: «lo que tú hiciste en sus días, en los tiempos antiguos». En el Nuevo Testamento, 2 Timoteo 1:5 celebra la fe transmitida de Loida a Eunice y a Timoteo, y Romanos 10:17 confirma que la fe es por el oír de la palabra de Cristo.

Aplicación práctica. Cada generación es deudora de la anterior y responsable ante la siguiente. Los padres creyentes no pueden delegar enteramente en otros la instrucción de sus hijos en las obras de Dios; el hogar es el primer catecismo. La iglesia, igualmente, custodia un depósito que recibió y debe entregar fielmente. Conviene preguntarnos qué estamos «contando» con nuestra vida y nuestras palabras, sabiendo que somos eslabones, no la fuente.

Para reflexionar. ¿Qué testimonio concreto de las obras de Dios estás transmitiendo a quienes vienen después de ti?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad