Significado. Dios desechó la tienda de José y no escogió la tribu de Efraín, recordándonos que la elección divina jamás depende del prestigio humano, sino del libre y soberano beneplácito del Señor.

Contexto. El Salmo 78 es un masquil atribuido a Asaf, cantor levítico del tiempo de David. Es un salmo histórico y didáctico, dirigido a las generaciones de Israel para que aprendieran de los pecados de sus padres. Tras narrar la rebeldía persistente del pueblo en el desierto y en Canaán, el cantor llega al desenlace donde Dios reorienta su propósito: aparta el liderazgo del norte (Efraín, José) y lo confiere a Judá y a David. Los destinatarios eran los hijos de Israel, llamados a no olvidar las obras de Dios ni endurecer su corazón como sus antepasados.

Explicación. El verbo «desechó» (hebreo «ma´as», rechazar, reprobar) y «no escogió» revelan el lado negativo de la elección: donde hay un escoger soberano, hay también un dejar pasar. Efraín, tribu prominente y sede de Silo, había gozado de privilegio, pero su infidelidad (versículos 9-11, 56-58) no ató las manos de Dios. La lectura reformada subraya que la elección no se funda en méritos, linaje ni fuerza, sino en el puro arbitrio de la gracia (Romanos 9:11-16). Que José y Efraín fueran apartados no fue injusticia, sino expresión de la libertad de Aquel que tiene misericordia del que quiere. Así se preserva la gloria de Dios como único autor de la salvación.

Referencias relacionadas. El contraste con el versículo 68 («mas escogió la tribu de Judá») apunta a la elección de Sion y de David. Génesis 49:8-10 anuncia el cetro en Judá; 1 Samuel 16 muestra a Dios eligiendo a David despreciando lo que el hombre estima. Romanos 9 y Efesios 1:4-5 desarrollan la elección incondicional, y Hebreos 7:14 confirma que de Judá vino nuestro Señor.

Aplicación práctica. Ninguna posición heredada, talento o reputación garantiza el favor de Dios; quien se gloría, gloríese en el Señor. Esto humilla nuestro orgullo y consuela al débil: si la gracia no depende de nosotros, tampoco la perdemos por nuestra pequeñez. Vivamos con gratitud y temor reverente, sabiendo que pertenecer al pueblo de Dios es don, no derecho adquirido.

Para reflexionar. ¿Descanso mi seguridad en privilegios o logros propios, o en el soberano y libre amor con que Dios escoge a los suyos en Cristo?

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