Significado. La justicia de Dios va delante de él como heraldo, preparando el camino para que su pueblo ande tras sus pasos. Donde Dios reina, la rectitud abre la senda y la salvación la recorre.

Contexto. El Salmo 85 es un salmo comunitario de los hijos de Coré, compuesto probablemente tras el regreso del exilio babilónico. El pueblo, restaurado a la tierra pero aún bajo aflicción, recuerda los favores pasados de Jehová (vv. 1-3), suplica la renovación de su misericordia (vv. 4-7) y escucha la respuesta profética de paz (vv. 8-13). El versículo 13 corona el salmo con una visión de Dios marchando en justicia sobre su pueblo restaurado.

Explicación. El término hebreo «tsedeq» (justicia) personifica aquí un atributo divino que «irá delante de él». La imagen es la de un cortejo real: la justicia precede al Rey soberano y, según la lectura más probable, «pondrá sus pasos por camino», es decir, hará de las pisadas de Dios una vía transitable para los redimidos. Desde la perspectiva reformada, esto revela que la salvación no nace del mérito humano sino de la iniciativa soberana de Dios, quien primero establece su justicia y luego conduce a los suyos por ella. El versículo anterior unía «misericordia y verdad», «justicia y paz» en un abrazo (v. 10); ahora esa justicia se pone en marcha. Aquí late ya el evangelio del pacto: solo en Cristo se reconcilian la justicia que condena y la paz que perdona.

Referencias relacionadas. El abrazo de justicia y paz del v. 10 halla cumplimiento en Romanos 3:25-26, donde Dios es «justo y justificador». Isaías 58:8 promete que «tu justicia irá delante de ti». La marcha de Dios delante de su pueblo evoca Éxodo 13:21 y el Salmo 89:14, «justicia y juicio son el cimiento de tu trono». Cristo mismo es «el camino» (Juan 14:6) por el cual andamos.

Aplicación práctica. Quien confía en Cristo no traza su propia senda ni se justifica por sus obras; sigue las pisadas de Aquel cuya justicia ya fue derramada en la cruz. En medio de tiempos de restauración incompleta, cuando aún sentimos el peso de un mundo caído, este versículo nos llama a caminar con esperanza por la vía que Dios ha abierto, viviendo en santidad porque él va delante. La gracia que nos salva es también la gracia que nos santifica y ordena nuestros pasos.

Para reflexionar. ¿Estoy procurando abrir mi propio camino con mis méritos, o ando con humildad tras las pisadas de aquel cuya justicia ya ha sido puesta delante de mí en Cristo?

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