Significado. Salmos 88:10 es el clamor de un creyente que, desde lo más hondo de la angustia, pregunta a Dios si los muertos podrán alabarlo, mostrando que el anhelo supremo del alma redimida es glorificar a su Creador.

Contexto. Este salmo, atribuido a Hemán ezraíta, hijo de Coré, es quizá el más oscuro del Salterio, pues no termina en luz sino en tinieblas. Compuesto como un «Masquil» y cántico para el coro de Coré, brota de un siervo de Dios aplastado por enfermedad prolongada, soledad y desamparo. Sus destinatarios originales fueron los adoradores de Israel, a quienes se enseñaba que aun el lamento sin resolución tiene lugar legítimo ante el trono de la gracia.

Explicación. El salmista pregunta: «¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte?». Bajo el pacto antiguo, la revelación de la resurrección era todavía sombra y promesa; por eso el «Seol» se contempla como lugar de silencio donde cesa la alabanza visible. El argumento del orante es pactual: apela a la gloria de Dios mismo, pues un muerto ya no puede proclamar sus «maravillas». No es desesperación atea, sino fe que razona con Dios desde su soberanía, recordándole que su propósito es ser glorificado entre los vivos. La teología reformada ve aquí la honestidad del corazón regenerado que, aun en la tiniebla, no suelta a su Dios.

Referencias relacionadas. Comparemos con Salmos 6:5 y 30:9, donde resuena el mismo argumento; con Isaías 38:18-19, el cántico de Ezequías. La plenitud llega en Cristo, quien «sacó a luz la vida y la inmortalidad» (2 Timoteo 1:10), y en 1 Corintios 15:54-57, donde la muerte es tragada en victoria.

Aplicación práctica. Este versículo nos enseña a orar incluso cuando no hallamos respuestas. El creyente reformado descansa en que la soberanía de Dios abarca también el valle de sombra; podemos llevar ante Él nuestra confusión sin fingir alegría. Y a la luz de la resurrección de Cristo, sabemos que la tumba no silenciará para siempre la alabanza de los suyos: los redimidos lo glorificarán eternamente.

Para reflexionar. ¿Sigo aferrándome a Dios con fe sincera aun cuando mis circunstancias parecen sumirme en tinieblas sin respuesta?

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