Significado. El salmista pregunta si la fidelidad pactual de Dios puede proclamarse desde la tumba, recordándonos que toda alabanza nace de la vida que solo el Señor sostiene.

Contexto. El Salmo 88 es un cántico de los hijos de Coré atribuido a Hemán ezraíta, considerado el lamento más oscuro del Salterio. El autor escribe desde una aflicción prolongada que lo acerca a la muerte, sin la resolución de esperanza que suele cerrar otros salmos. Sus destinatarios son los adoradores de Israel, llamados a clamar con honestidad aun en la noche del alma, sosteniendo su fe en el Dios del pacto incluso cuando la consolación se demora.

Explicación. El versículo plantea dos preguntas paralelas: «¿Se anunciará en el sepulcro tu misericordia, o tu verdad en el Abadón?» Los términos clave son «misericordia» (jésed), el amor leal y pactual de Dios, y «verdad» (emunáh), su fidelidad inquebrantable. El «Abadón» designa el lugar de destrucción. Desde la perspectiva reformada, Hemán no niega la inmortalidad; expresa que, bajo la antigua revelación, los muertos no participaban del culto público que glorifica al Señor en la tierra. Su lamento es, paradójicamente, un acto de fe: razona con Dios apelando a su propia gloria, confiando en que el Soberano se deleita en ser alabado por los vivos a quienes ha redimido.

Referencias relacionadas. El clamor halla eco en Salmos 6:5 y 30:9, donde el creyente argumenta que el polvo no alaba a Dios. La resolución plena llega en Cristo, quien abolió la muerte y sacó a luz la vida e inmortalidad (2 Timoteo 1:10), y proclama: «Yo soy la resurrección y la vida» (Juan 11:25). Así, Apocalipsis 5:13 muestra a toda criatura alabando al Cordero.

Aplicación práctica. Este salmo legitima la oración del creyente que atraviesa la depresión y la oscuridad sin respuestas inmediatas. La fe reformada no exige fingir alegría, sino dirigir el lamento al Dios soberano que escucha. Como cada día de vida es don de su providencia, conviene aprovecharlo para proclamar su jésed mientras tenemos aliento, sabiendo que en Cristo la sepultura ya no silencia la alabanza.

Para reflexionar. ¿Estoy usando los días que la soberana providencia de Dios me concede para anunciar su misericordia, o espero a sentirme bien antes de adorarle?

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