Significado. «Nubes y oscuridad alrededor de él; justicia y juicio son el fundamento de su trono». La majestad oculta de Dios y su rectitud inquebrantable son inseparables: el Rey que no podemos escudriñar reina siempre con perfecta santidad.

Contexto. El Salmo 97 pertenece a la colección de salmos de entronización (93, 95-99), que celebran el reinado de Jehová sobre toda la tierra. Aunque su autor humano permanece anónimo, fue compuesto para el culto de Israel y, proféticamente, anuncia la consumación del reino de Dios. Dirigido al pueblo del pacto, llama tanto a los fieles a regocijarse como a los idólatras a temblar ante el Señor que viene a juzgar.

Explicación. Las «nubes y oscuridad» evocan el Sinaí, donde Dios descendió velado en humo y fuego (Éxodo 19). Este velo no esconde un capricho, sino que protege al pecador de una gloria que lo consumiría; revela la trascendencia incomprensible del Dios soberano, cuyos caminos sobrepasan nuestro entendimiento. Sin embargo, lo que sí se nos declara con certeza es el fundamento de su trono: «justicia y juicio» (en hebreo, tsédeq y mishpát). El gobierno divino no es arbitrario ni tiránico; descansa sobre su carácter santo. Aquí la teología reformada confiesa que la soberanía de Dios jamás se opone a su rectitud: Él hace todo según el consejo de su voluntad, y esa voluntad es siempre justa. El misterio y la moralidad de Dios se sostienen juntos.

Referencias relacionadas. El Salmo 89:14 repite casi textualmente que «justicia y juicio son el cimiento de tu trono». La nube de gloria llena el tabernáculo y el templo (Éxodo 40:34; 1 Reyes 8:12). Pablo exclama sobre lo insondable de los juicios divinos (Romanos 11:33), y en Cristo «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (Colosenses 2:9), de modo que el trono velado se revela finalmente en el Cordero (Apocalipsis 4-5).

Aplicación práctica. Cuando la providencia se vuelve oscura y no comprendemos los caminos de Dios en el dolor o la pérdida, este versículo nos ancla: aunque no veamos, sabemos sobre qué reposa su trono. Podemos descansar en que el Juez de toda la tierra hará siempre lo justo. Adoremos con reverencia humilde, sin exigir explicaciones que Él no nos debe, confiados en que su santidad gobierna cada circunstancia.

Para reflexionar. ¿Estoy dispuesto a confiar en la justicia del trono de Dios precisamente allí donde su rostro me parece velado y sus designios incomprensibles?

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