Y hubo gran alegría en Jerusalén, porque desde los tiempos de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no hubo cosa semejante en Jerusalén.

Desde la época de Salomón... no había nada parecido en Jerusalén. Las fiestas anuales, después del cisma en el reino, parecen haber decaído tanto en regularidad como en magnificencia de observancia.

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