Mas ni él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra oyeron las palabras de Jehová, que habló por medio del profeta Jeremías.

Pero ni él, ni sus siervos, ni el pueblo... escucharon las palabras del Señor... de... Jeremías. ¡Increíble estupidez, que no fueron amonestados por el castigo de Jeconías! (Calvino).

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